Somos

Somos iglesia amazónica.

Parroquia de Santa Rita de Castilla

“Y les dijo: Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Nueva a toda la creación” (Mc 16,15). Pocas palabras y mucho contenido, pues ¿qué significa anunciar la “Buena Nueva”?, ¿qué significa convertirse?, ¿qué significa aceptar a Cristo?, ¿qué significa la salvación?, ¿cuál es el camino para la salvación?… Demasiadas preguntas. O quizás no; quizás faltarían otras muchas por hacernos para realmente llevar a cabo la tarea que Jesús nos dejó……

Llevaba yo poco tiempo en la Selva cuando alguien me dijo que no es bueno dar respuestas a preguntas que nadie nos ha hecho. Es verdad, pero también es verdad que en múltiples ocasiones hemos cometido el error en la Iglesia de no hacernos preguntas, de continuar el “anuncio de la buena nueva” como “siempre se ha hecho” o “como a mí me enseñaron” o “como se hace en tal lugar, porque allí da resultado”, u otras múltiples razones que hemos dado cuando no lo tenemos claro o no sabemos las respuestas a preguntas que nosotros mismos nos deberíamos hacer, sin esperar a que otros sean quiénes nos hagan los cuestionamientos.

Hacia mitad del siglo pasado, los misioneros agustinos que por entonces laboraban en el Vicariato de Iquitos, por lo visto no estaban muy conformes con el servicio que hacían desde Nauta y se hicieron algunas preguntas, buscando la mejor forma de cumplir el mandato de Jesús. Y las respuestas les llevaron a abrir una nueva misión desde la cual atender lo que es el río Marañón, desde la desembocadura del río Tigre hasta el río Nucuray, un poco más arriba de la boca del río Huallaga.

Buscando el lugar más apropiado, lo encontraron en el Distrito de Parinari, el Fundo Castilla, propiedad del Sr. Santillán, quien, según cuenta la historia, en un principio dijo regalarlo y al final, después de pagárselo, no quería entregarlo. Fue el P. Benjamín Martínez Iglesias quien inició la misión, “rebautizando” el Fundo con el nombre de Sta. Rita de Castilla, en honor a la Santa agustina, Rita de Cascia, abogada de los imposibles, y bajo cuya protección puso la misión. Tanto el pueblo como la parroquia llevarán desde entonces el nombre de Santa Rita de Castilla.

La parroquia se funda el 7 de agosto de 1956 y su extensión es de 35,000 km2, abarcando los distritos completos de Urarinas y Parinari y una parte del distrito de Nauta. Las características de estos distritos es que son terrenos de Selva Baja, por lo tanto inundables en su mayoría en las crecientes del río. También con frecuencia se producen deslizamientos de tierras, con los consiguientes perjuicios económicos, alimentarios y de salud que lleva a los moradores a un continuo cambio de lugar, con la pérdida de las chacras y las casas. La gran mayoría de los habitantes son agricultores, pero que al mismo tiempo cazan y pescan, la única manera de proveerse de carne y pescado.

El P. Benjamín quiso convertir el nuevo pueblo y misión en el centro religioso y político de la zona, con el fin de poder llevar a cabo adecuadamente la labor evangelizadora, por lo que no dudó en convertirla en capital del Distrito (quitándosela al pueblo de Parinari) y poniéndose él mismo como alcalde. Como alcalde y como párroco se preocupó por el desarrollo urbanístico, político, económico y religioso, llegando a ser en poco tiempo el poblado más grande de la zona y lugar de referencia para cuantos surcando y bajando las aguas del Marañón podían admirarlo. Y desde este centro no descuidaba la labor misionera de visitar los caseríos asentados a la orilla de los diferentes ríos por los que se extiende la jurisdicción: Marañón, Nucuray, Urituyacu, Chambira con sus afluentes, Samiria, Choroyacu. En el bote propio de la Parroquia o en las pocas lanchas de pasajeros que había, o aprovechando las brigadas del Ministerio de Salud que recorrían los ríos fumigando para intentar acabar con la malaria, surcaban y bajaban una y otra vez las aguas turbias del Marañón o las aguas negras de las quebradas, con el fin de llevar el mensaje evangelizador de Jesús a cada uno de los caseríos o familias aisladas que habitaban en todo el ámbito parroquial.

Impulsados por un gran espíritu evangelizador, a los misioneros venidos de la lejana España no se les hacía penoso, aunque fuera difícil, recorrer los ríos continuamente para llevar la “Buena Nueva” a todas las personas, niños, jóvenes y ancianos (entre diez y doce mil personas), labor que realizaban principalmente desde la predicación de la Palabra de Dios, a los adultos por la noche, a los niños en la escuela (donde había) y la celebración de los sacramentos. Uno o dos sacerdotes, con cerca de 60 caseríos en tan grandes distancias, no podían hacer muchas cosas más. No obstante, también era su preocupación las situaciones de necesidad de la población: varias escuelas se iniciaron gracias a las gestiones de los misioneros, e incluso con maestros pagados por la Iglesia en un principio. Igualmente se preocuparon para que las donaciones de Cáritas y otras instituciones (alimento, medicina, ropas) llegasen hasta los rincones más alejados de la parroquia, regularmente empobrecidas por diferentes causas. Como escribirá después el P. Agustín Alcalá,  “Es justo rendir un homenaje de agradecimiento a los párrocos y religiosos que nos han precedido en nuestra labor, por el servicio a la Iglesia local. Por todos los caseríos, próximos y lejanos, han dejado su buena fama, que favorece nuestra gestión misionera. Algunos de ellos han sido auténticos héroes, conforme hablan de ellos nuestros cristianos, conocidas las  inmensas distancias y dificultades y privaciones de la región. Con los medios a su alcance, pocos:

  • Se visitaba una vez al año toda la parroquia
  • Se visitaban algunos caseríos estratégicos en circunstancias especiales
  • Al paso de esas visitas misionales se comenzó a sensibilizar y concientizar en la línea de comunidades cristianas y de agentes pastorales y catequistas”.

Un trato diferenciado ha tenido siempre el pueblo de Sta. Rita de Castilla, sede de la Misión y lugar donde más tiempo pasan los misioneros. Son varios los misioneros y misioneras que han compartido sus conocimientos en las aulas del colegio a lo largo de todos estos años, dando calidad a una educación normalmente deficitaria. Incluso el Colegio de Secundaria lleva el nombre de P. Agustín Alcalá, misionero agustino fallecido tras un accidente en la Parroquia Inmaculada de Iquitos.

Precisamente es con la llegada a Sta. Rita del P. Agustín Alcalá, que se comienzan a hacer nuevas preguntas, o quizás las mismas preguntas de siempre, ¿cómo evangelizar mejor?… ¿cómo llevar la Buena Nueva al pueblo que habita en las orillas de los ríos?…, pero encontrando otras posibles respuestas, o alternativas, o intentos,…

En un documento del año 1,977, año en el que se está construyendo la tercera casa (las dos anteriores, junto con todo el pueblo, se las había llevado el río) calcula el P. Agustín Alcalá que viven en el territorio de la Parroquia, en 60 caseríos, entre 12 y 15 mil ribereños y mil nativos, ubicados siempre a las orillas de los ríos. En cuanto a los nativos, se refiere a los Urarinas, “sólo misionados esporádicamente por los Padres Benjamín Martínez y Gonzalo González”.

Descubrimos una respuesta diferente a las eternas preguntas en los objetivos pastorales que se propusieron los misioneros para el año 1,977:

  • Formación de Comunidades Cristianas.
  • Formación de agentes de comunidad, catequistas, etc.
  • Satisfacer las necesidades cristianas más elementales de los caseríos más distantes de la sede parroquial.

Uno de los cambios más significativos en la pastoral lo encontramos a partir en el año 1,979, cuando se constituye un Equipo Misionero formado por 3 religiosos Agustinos y 4 religiosas de la Compañía Misionera del Sagrado Corazón de Jesús. La Parroquia de Nauta y otros puestos de misión de la Selva ya llevaban unos años reflexionando sobre “el mandato de Jesús” desde los documentos del Concilio Vaticano II y Medellín, además de múltiples encuentros nacionales y regionales. La visión del Reino de Dios, de la misión, de la evangelización,… las respuestas a lo largo y ancho de la Iglesia van cambiando, pues se pone más en el centro a la persona, a toda la persona, con su integridad, reconociendo “las semillas del Verbo” presentes en toda cultura, antes de que llegase el primer misionero y el primer anuncio. Es el reconocimiento de la historia de la salvación, del amor de Dios, desde siempre, en los pueblos amazónicos. Es la afirmación de que la salvación no acontece fuera de la historia de cada persona y de cada pueblo. Es el reconocimiento de la persona, toda persona y toda la persona, como hijo de Dios, con una dignidad que no se la da ninguna ley, sino el haber nacido, el ser persona. Y por eso mismo, es el momento del reconocimiento de que todos los cristianos, por nuestro bautismo, somos “sacerdotes, profetas y reyes”, con una misión especial cada uno dentro de la Iglesia.

El nuevo equipo misionero se plantea la formación integral del hombre y la mujer amazónicos, con el fin de que ellos mismos vayan encontrando las respuestas a sus propios interrogantes y las soluciones a sus necesidades, y de esta manera construya una sociedad y una iglesia amazónica, dentro del Perú y de la iglesia universal. Es una opción por los más necesitados, que intenta ayudarles a ser sujetos y creadores de su propia historia. Es por esta razón que poco a poco, y a pesar de los cambios de personas en el equipo, se fueron implementando los siguientes programas y trabajos:

  1. La creación de Comunidades Cristianas y la formación de Animadores Cristianos. En aquellos caseríos que hay más inquietud religiosa y que tienen la voluntad de organizarse, forman una comunidad cristiana y eligen a algunas personas que serán capacitadas por la Parroquia para que, principalmente, los domingos puedan presidir la Celebración de la Palabra, en la que la comunidad se reúne para compartir la Palabra y para orar. En el primer encuentro se reunieron 10 animadores de 6 comunidades, y con el tiempo llegó a haber 60 comunidades cristianas y 140 animadores.
  2. La Catequesis. La preocupación por la formación cristiana de la niñez llevó al equipo a comenzar, en las comunidades cristianas organizadas, el programa de Catequistas, con la capacitación específica para ayudar a los niños amazónicos a descubrir el amor que Dios nos tiene y la posibilidad de vivir ese mismo amor con los demás. Son cientos las catequesis preparadas con los mismos catequistas, desde una visión religiosa amazónica.
  3. Los Animadores Coordinadores. A medida que fue creciendo el número de comunidades cristianas y de agentes pastorales, se nombraron dos animadores para que, como parte del equipo parroquial, visitaran cada dos meses todas las comunidades. Un gran paso en el reconocimiento del bautizado, tanto por la “iglesia oficial” como por el pueblo cristiano.
  4. La creación de Botiquines Comunales y la formación de Promotores de Salud. Faltaban aún muchos años para que el Ministerio de Salud se hiciera presente de forma permanente y eficiente en la zona, pero las enfermedades y las muertes de niños y no niños no esperaban. La parroquia inicia un programa de organización en los caseríos para que formen un botiquín comunal, es decir, hagan un fondo de medicinas básicas para atender a quienes se enferman, al mismo tiempo que se implementa un jardín de plantas medicinales, recogiendo la riqueza de los conocimientos ancestrales de chamanes y “curiosos”. Para poder llevar adelante todo esto, alguna de las personas, ya sea de forma voluntaria o propuesta por la asamblea, debía seguir cursos de capacitación para poder saber identificar los síntomas de la enfermedad y las medicinas adecuadas.

Poco a poco se fueron organizando caseríos, llegando a haber 60 botiquines comunales y 110 promotores de salud. Toda esta organización hizo posible desarrollar grandes campañas de desparasitación, de hidratación oral o de prevención del paludismo, entre otras, con la consiguiente disminución de muertes infantiles y de adultos.

  1. Las parteras empíricas. Ante la cantidad de muertes de mujeres en el parto y de niños por “el mal de 7 días” (tétanos), el equipo parroquial opta por capacitar, principalmente en higiene, a las parteras tradicionales, las personas, mayormente mujeres, pero también algún hombre, que sabían perfectamente cómo ayudar en los partos difíciles a las madres en sus comunidades, pero que a veces no conocían la necesidad de una buena higiene. De esta manera, casi todos los años se realizó un taller para estas personas, con la consiguiente disminución de muertes de mamás y recién nacidos.
  2. La atención a niños minusválidos. Son varias decenas de niños que por intermedio de la Parroquia lograron viajar a Lima, en coordinación con la Clínica San Juan de Dios, para ser operados de malformaciones congénitas o secuelas de otras enfermedades.
  3. La medicina alternativa: Acupuntura, reflexoterapia,… Las políticas de los presidentes Alan García y Alberto Fujimori fueron un golpe muy fuerte para toda organización y para toda economía. Los botiquines comunales se quedaron desabastecidos y los nuevos precios de las medicinas serán prohibitivos para los pobres. Nuevos (o no tan nuevos) interrogantes ante el viejo problema de la enfermedad y la muerte. Buscando respuestas y alternativas, durante varios años se promovió, primero, el uso de la acupuntura y, después, de la reflexoterapia para el tratamiento de las enfermedades, así como la utilización de la “piedra negra” para las mordeduras de víbora. Por cierto, la medicina alternativa era muy bien acogida por el pueblo, no así por el personal del Ministerio de Salud, para quienes no tiene valor científico. Realmente la ignorancia suele ser bastante atrevida.
  4. Los Corresponsales. Quien no aparece en los medios no existe; quien no tiene facebook no es nadie… Somos gente, somos personas, existimos y somos “lo mismo de importantes” que los demás, nuestra vida es tan interesante como la de cualquiera. Y aprendimos a utilizar los medios: la radio “La Voz de la Selva”, del Vicariato de Iquitos y la Revista “Surcando” de la Parroquia de Nauta. La voz del campesino, la voz del indígena, la voz de la vida diaria se hizo oíble y leíble a través de los corresponsales que la Parroquia fue formando e implementando en los distintos pueblos y que enviaban las noticias de lo que ocurría, y de lo que pensaban, y de lo que deseaban,… No había celulares, no había teléfonos, pero había papel (a veces) y lapicero para cuando “hubiera movilidad” hacer llegar a Nauta e Iquitos “nuestras noticias”. Los de sin voz sí tenían voz.
  5. Los Promotores de Derechos Humanos. Aunque hay personas que no lo recuerdan, hubo una época de mucha violencia en el país, que quizás no afectó directamente a nuestra zona, pero que sí tuvo consecuencias a la hora de entender el ejercicio de la autoridad y del ser ciudadano. Cualquier persona era etiquetada por terrorista, incluso aunque no supiera lo que era el terrorismo. Y los caciques (o políticos de turno) se aliaban con las fuerzas armadas para amedrentar al pueblo y seguir haciendo lo que les venía en gana. Por esta razón, en coordinación con instituciones de Iglesia, la Parroquia de Sta. Rita comenzó a capacitar a Promotores de Derechos Humanos, personas voluntarias o elegidas por la comunidad a quienes se les capacita sobre los derechos fundamentales de las personas, de las comunidades y de los pueblos. Esto no les gustaba mucho a las autoridades de turno, y no era bien vista la Parroquia, pero se iniciaron varias cosas desde entonces:
  • La organización de “Frentes de Defensa”
  • La tramitación para ser declarada comunidad campesina o comunidad nativa
  • La defensa de los recursos naturales, los bosques y las cochas de las comunidades.
  • La organización de comités de productores
  • La promoción de grupos campesinos
  1. La Promoción de la Mujer. La mayor parte de los animadores y promotores eran varones, así que el equipo parroquial se planteó el trabajo de promoción de la mujer, nada fácil en una sociedad machista como la nuestra. En un principio se convocó a las esposas de animadores y promotores, a que participaran en el centro parroquial en talleres de formación general, algo de higiene, corte y confección,… Y se dieron situaciones muy curiosas, pues hubo varones, de los que se sienten “bien machos”, que no permitieron participar a su esposa, pues si aprendía cosas, después “iba a querer mandar ella en casa”. Pero también hubo esposas que fueron “sin el consentimiento” de su marido y regresaban con cierto miedo después del taller. Entre unas cosas y otras, fue un gran despertar de la mujer en la zona, llegando con el tiempo a ser varias de ellas grandes lideresas en sus comunidades y en la lucha por la dignidad de todas las personas.
  2. Las Movilizadoras. Poco a poco fue haciéndose visible el rol de la mujer no solamente en la familia sino también en la comunidad, rol que siempre tuvo, pero que en una sociedad dominada por los varones no era fácil visualizar. Fue la parroquia, en coordinación con UNICEF, quien puso en manos de las madres de familia los instrumentos y medios para revolucionar el cuidado y la atención materno – infantil, principalmente en los primeros años de la vida. Balanzas para pesar niños, reglas para medirlos, rota-folios, dibujos, higiene, nociones de nutrición,… y mucha dosis de confianza en las personas… hicieron que, junto con el trabajo de los promotores de salud, hubiera un seguimiento al crecimiento de los niños y se lograse bajar la desnutrición y la mortandad infantil, hasta el punto de que años después fuera reconocido todo este trabajo de la Parroquia Santa Rita de Castilla a nivel nacional, a través del programa “Buen Inicio”. “Yo he venido para que tengan vida y vida en abundancia” (Jn 10,10), es la mejor respuesta que intenta dar la Iglesia a toda clase de preguntas.

Los años 90 del siglo pasado supusieron un cambio de rumbo en Perú. En 1992 se detuvo a Abimael Guzmán, cabeza del grupo terrorista Sendero Luminoso. Este hecho trajo dos consecuencias. Una de ellas es que Perú dejó de desangrarse, sobre todo en la sierra, y el presupuesto del Estado quedó un poco más liberado para otros menesteres. El segundo hecho corresponde a la implementación de leyes liberales para la atracción del capital extranjero. Fue el comienzo de una época de inversión, sobre todo en minería.

Este panorama también se refleja en la selva. Poco a poco el Estado tiene más medios para invertir en salud y educación. Todavía falta mucho por hacer, pero es la época de los primeros doctores en los distritos alejados de la ciudad. Los Centros de Salud cada vez cobran más fuerza. Es un gran paso, pues con la presencia de profesionales, la gente ya sabía con mayor exactitud “de qué enfermedad moría”. Como ya había doctor y enfermera y técnicos y laboratoristas… pues ya no se necesitaban a los promotores de salud, y menos “esas sonseras” que parecen más de brujos que científicas… (la medicina alternativa) Esta es la idea vendida por el estado al pueblo. Lo que nunca les dijeron es que el enfermo tenía que ir hasta la posta (normalmente varias horas de viaje) y que en la posta sí está el “doctorcito” (cuando no andaba de gestiones por Iquitos), pero no hay hartas medicinas, las que hay son caras, y “aquí no se fía”. ¡Qué diferencia con los botiquines y los promotores! Pero… “ya no los necesitan”… se apostó por la medicina occidental sin tener en cuenta el capital social de los promotores de salud, capacitados por la Iglesia (“la iglesia es retrógrada, se opone al desarrollo…”). Poco a poco todo el esfuerzo se fue desmoronando. Hubiera sido la oportunidad para implicar a la población en la protección de la salud. Sin embargo se apostó por la medicina occidental “individualizada”, sin dejar ni una rendija a los promotores de salud, movilizadoras (salud materno infantil) y parteras tradicionales. Esto conlleva altos costos de invisibilización de los pueblos indígenas y hasta de muertes que hace varios años no se daban.

  1. El Medio Ambiente. Por otro lado, un país que recién sale de una “guerra interna” e implementa políticas liberales, quedó a merced del capital, con el descuido consiguiente del medio ambiente. También a la Iglesia nos pilló con los pies cambiados, sin una posible respuesta. Cuando la Parroquia Santa Rita de Castilla solicitaba en organismos eclesiales, además de otras ONGs, apoyo para temas ambientales, encontraba como respuesta una sonrisa burlona. Se podía capacitar en derechos humanos, sobre todo en lo relacionado con el terrorismo, pero el medio ambiente era un tema demasiado primermundista. Cómo es posible que planteáramos estos temas. Varias veces se rieron en nuestra cara y nos espetaron tranquilamente: “esto no es Europa, tenemos otras urgencias”.

La otra cara de la moneda se estaba produciendo en nuestros territorios. Poco a poco el bajo Marañón comenzó una corriente de reconocimiento de comunidades indígenas, prácticamente en todo momento acompañados en la búsqueda por la iglesia, tanto en talleres con los presidentes comunales y con los APUS, o en visitas a las comunidades o en reuniones con autoridades. No todo ha sido bonito ni perfecto. La ley con la cual se han ido reconociendo coloca en el centro la “comunidad nativa”, lo que implica un territorio escaso, que no permite la defensa del territorio integral indígena.

En 1989 se aprueba el Convenio 169 de la OIT, y Perú lo ratifica en 1994; en 2007 se aprueba la Declaración de Naciones Unidas sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas; la ley de consulta previa en Perú se promulgó en 2011. Estas leyes prepararon el terreno para que muchas comunidades del Marañón decidieran buscar su apoyo para conseguir sus derechos. El ser indígena pasó a ser una ventaja y ayudó en el reconocimiento de las comunidades.

  1. Las Asociaciones Indígenas. Con apoyo de una ONG, en 1992, se formó AIDECOS (Asociación Indígena de Desarrollo y Conservación del Samiria). La rama de mujeres de AIDECOS terminó formando HUAYNAKANA KAMATAWARAKANA (mujeres trabajadoras), que en estos momentos se disputan el liderazgo en el distrito de Parinari. En el río Chambira se forma la CURCHA (Consejo Urarina del Río Chambira). En los 90 también se forma AIDEMA (Asociación Indígena del Marañón), que tuvo protagonismo en la titulación de comunidades nativas en el río Urituyacu en esa década y después ha tenido una participación más discreta. AIDEMA estaba vinculada con organizaciones indígenas del río Huallaga. Con el cambio de milenio surge ACODECOSPAT (Asociación Cocama de Desarrollo y Conservación San Pablo de Tipishca), ACURUY (Asociación Cocama y Urarina del Río Urituyacu). En el 2010 se forma ACONAKKU (Asociación de Comunidades Nativas Kukama Kukamiria).

Las escisiones y reconfiguraciones de las organizaciones indígenas son continuas. Con este panorama se vino trabajando sobre derechos indígenas. La parroquia, intentando estar siempre atenta a los interrogantes del pueblo, ayudó a varias organizaciones en sus inicios. Nos solicitaban compañía y asesoramiento y lo hicimos. El 2009 comenzamos la capacitación en derechos indígenas a las autoridades comunales, además de solicitarnos que les acompañáramos en muchas asambleas para tratar diversos temas. Dos de los ejes que se vinieron trabajando fueron  derechos indígenas y medio ambiente.

Surge la pregunta: ¿verdaderamente son indígenas? Todo depende de lo que entendamos por “indígena”. No es el momento de precisar una respuesta o una definición, pero sí de dar unas ligeras pinceladas. Se visten como los occidentales, pero el doctor del Centro de Salud atiende personas con dolor de cabeza “porque se han vestido con la ropa de otra persona”. Es decir, vestir la ropa de otra persona es enajenarse. Hablan español, pero las construcciones de las frases reflejan un idioma indígena que ya no practican: “te vengo a prestar”, donde la deuda es una verdadera relación social. “Esto es mío de mí”, donde se insiste en la centralidad del yo y el ser dueño. Visitas un velorio y preguntas: ¿quién es el “dueño” del difunto?, para indicar quién es su familiar más cercano. Y así podríamos indicar muchas más características. Pero valga resaltar la importancia de la ropa (envoltorio), el lenguaje, la economía, el ser dueño… Además de la relación con el territorio, la importancia del parentesco, o incluso hacer fotos a los espíritus.

  1. La Contaminación Petrolera. Desde la parroquia se levantó el tema de los derrames de petróleo y la obsolescencia del Oleoducto Nor-peruano. Éramos los “malos de la película”, los extranjeros que no quieren el desarrollo del pobre, el “perro del hortelano que no come ni deja de comer al amo”. “El petróleo es necesario para el desarrollo el país, aunque haya consecuencias colaterales no deseadas”. Las consecuencias colaterales son la enfermedad y muerte de la gente del río, “ciudadanos de tercera”, según expresión de un presidente del Perú del siglo XXI. El tiempo ha dado la razón a la Iglesia: el estado reconoció en 2014 la emergencia ambiental en el bajo Marañón. A veces la Iglesia ha ido por detrás de la historia, pero también en otras muchas ocasiones ha sido la pionera, la que ha abierto el camino a la historia.
  2. La Hidrovía Amazónica. Toda la vida se han dado soluciones externas a los problemas de la Selva, normalmente pensadas para solucionar situaciones que no tienen nada que ver con la amazonía, pero que son de “interés nacional” (o internacional). Por el bien de… “quién quizás” (aunque decían que de los moradores del Marañón), deciden hacer una hidrovía Amazónica. La Parroquia exige la consulta sobre la misma. El gobierno no quiso, pero el poder judicial le obligó a consultar. El estado convocó a todas las organizaciones indígenas amazónicas para salir del problema del Marañón. Consiguió “hacer la consulta” sin que la gente supiera en qué consiste el proyecto de hidrovía y consiguió que las organizaciones indígenas lo aprobaran. Las consecuencias y los daños colaterales… seguro que no tendremos que esperar a largo plazo. Queremos adaptar la amazonía a nuestras necesidades (hidrovía, tren, carretera), en vez de adaptarnos nosotros y lo que tenemos a la amazonía. Gran error.

Preguntas y respuestas que el pueblo se plantea. Preguntas y respuestas que la Iglesia se ha hecho y se sigue haciendo. Preguntas y respuestas que nunca se acabarán, porque son connaturales al ser humano y a su relación consigo mismo, con los demás, con la naturaleza y con Dios. Preguntas y respuestas que nos seguirán haciendo caminar y crecer como personas, como cristianos, como pueblo y como iglesia.

Dentro de esta dialéctica, no siempre fácil de vivir ni de entender, la relación de la parroquia con las culturas indígenas ha intentado ser prioritariamente de respeto a sus expresiones y a lo que dichas expresiones significan, promoviendo el fortalecimiento de la persona y del pueblo desde la valoración y el respeto por sí mismos, por la cultura y por la religiosidad. A lo largo de los años se han hecho muchos intentos en este sentido, tanto en la liturgia como en la formación y en la vida diaria.

¿Esto es todo lo que ha hecho y hace la Parroquia Santa Rita de Castilla?… Sí y no. Es todo esto y mucho más, en campos tan diversos como la vida misma, tal y como queda reflejado. Pero quedan muchas cosas en el tintero y en la memoria del pueblo: el ordenamiento urbano del pueblo por el P. Benjamín Martínez, la creación del Club Cultural Deportivo Sta. Rita de Castilla por el P. Wiliam Araña, el “Internacional Circus” y sus espectáculos, la consecución y reparto de útiles escolares a principios del año o de semillas para sembrar después de una inundación grande, los partidos de fútbol de varios sacerdotes deportistas, las granjas de animales promovidas por la parroquia, el molino de harina y la piladora de arroz, la carpintería de los jóvenes, cursos y cursillos, talleres, capacitaciones, encuentros, la Carta a los Cristianos que llega mensualmente a todos los hogares de la Parroquia y la Carta a los Agentes de Pastoral, formación a distancia, la Visita de la imagen de la Virgen caserío por caserío durante varios años, elaboración del Libro de Celebraciones sin sacerdote, la construcción del Centro de capacitación Ikua Uka…… ¡Cada feligrés de la parroquia podría decir tantas cosas que ha hecho la iglesia!

La labor evangelizadora de la Parroquia sigue siendo la celebración de la vida, desde la esperanza que significa creer en Cristo Resucitado. Seguimos yendo por el mundo anunciando la Buena Nueva de Jesús (Mc 16,15), y celebrando esa buena nueva: el Equipo Parroquial visita a las comunidades, comparte la vida con los hermanos y hermanas, celebra la fe y la gracia de Dios en los sacramentos, da una palabra de aliento en la desesperanza, promueve celebraciones litúrgicas de la vida… El centro de la vida pastoral es, y nunca cambiará, la Buena Nueva de Jesús anunciada, vivida y celebrada por la comunidad.

Quisiera destacar una opción que la Parroquia hizo hace muchos años y sin la cual no se habrían realizado todas estas cosas. Me refiero a la opción por el laico, por el hombre y la mujer amazónicos, por el bautizado y por la persona de buena voluntad que buscaba lo mejor para sí y para los demás. La Parroquia decidió “creer en las personas”, confiar en la gente… Y no porque fueran mejores o peores moralmente, sino porque Dios confía en sus hijos, sin importar los estudios que han hecho, el color de la piel o lo bien que saben expresarse. Son cientos y cientos de personas, hombres y mujeres, jóvenes y adultos, las que han estado involucradas y lo siguen estando en toda la labor pastoral de la Parroquia. En un principio fueron los Animadores de Comunidades Cristianas, seguidos por los Promotores de Salud, de Derechos Humanos, Movilizadoras, presidentes Comunales, etc., etc. Son ellos quienes una, dos o tres veces al año, dejan, durante seis u ocho días, la familia, la chacra, el pueblo, y van hasta Sta. Rita a un curso, a un taller, a una capacitación, solamente para después buscar algo mejor para el pueblo, para la comunidad. Campesinos que cambian por unos días el machete por el lapicero, la Biblia, el termómetro o la jeringa, instrumentos que les era difícil mantener en sus manos encallecidas por el hacha o la soga de la red de pescar. Y la eterna pregunta: ¿cuánto reciben a cambio; cuánto les pagan los curas?… Y la eterna respuesta, la misma de Jesús: “En verdad les digo: Ninguno que haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o campos por mi causa y por el Evangelio quedará sin recompensa. Pues, aun con persecuciones, recibirá cien veces más en la presente vida en casas, hermanos, hermanas, hijos y campos, y en el mundo venidero la vida eterna.  (Mc 10,29-30). Y la mayoría vuelven, una y otra vez, a pesar, en ocasiones, de que la misma comunidad no les reconozca lo que hacen por ella, pero han encontrado la alegría del evangelio, la alegría de Jesús, la alegría de vivir por los demás, de ayudar a los demás, de buscar el bien para los demás. Si ser cristianos es hacerse el servidor, qué mejores servidores, qué mejores cristianos…

Por ser líderes naturales, la mayoría de los Agentes Pastorales han sido o son autoridades civiles en sus comunidades, y desde su liderazgo han solicitado y tenido el acompañamiento oportuno por parte de la Parroquia en todo aquello que signifique la lucha por la vida. Cambian los tiempos, cambia la forma de formular las preguntas, pero se mantiene el espíritu evangélico de anunciar la Buena Nueva de Jesús.

El gobierno del Perú tiene puesto los ojos en la selva. En los próximos años se van a desarrollar grandes megaproyectos, con fines ajenos al pueblo, pero que van a condicionar la vida de la gente. Ante esta realidad la parroquia intenta seguir acompañando, desde la humildad de Jesús, al pueblo peregrino, que tiene un nuevo estilo de vida, pocas respuestas y muchos interrogantes.

Desde el año 2017 la congregación religiosa “Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús” después de un largo discernimiento salían de la parroquia para abrirse a una nueva realidad en otra zona de la selva. Los agustinos reducidos considerablemente el número del equipo parroquial, intenta continua la labor realizada anteriormente.

Miguel Fuertes Prieto, OSA

 

Desde el año 2017 se ha seguido manteniendo el espíritu que caracteriza a la parroquia. Un compromiso profundo con los pueblos indígenas. Para ello se han puesto dos pilares fundamentales: La formación y el acompañamiento. Dicho proceso de trabajo se ha fortalecido con el trabajo de redes, es decir, la coordinación con otras instituciones que tienen los mismos valores y caminos hacia un futuro mejor para esta tierra.

Desde el Covid en el año 2020, se han visto muchas deficiencias en toda la selva. Un reto para la parroquia que lo toma con ilusión y fe, pero teniendo bien puesto los pies en el suelo. Cada día es un nuevo reto y el unir fuerzas con otras instituciones es mirar el futuro con la fe que Jesús nos ha enseñado de insertar el Reino de Dios en estas tierras.

Luis Fernández García, OSA